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Tuesday, 25 June 2013

Las croquetas de mi madre

En casa nos tomamos muy en serio las croquetas. Recuerdo que mi madre intentó 2 o 3 veces pasarnos a las croquetas congeladas y fracasó estrepitosamente (¡menos mal!). Había dos momentos clave en la fabricación de croquetas:

1) Rebañado de la olla - Se trata de ese momento en el que la madre vierte la masa recién hecha en una bandeja y tres niños le gritan "¡Mamá deja un poco en la olla que nosotros la limpiamos!" y proceden a rebañar las paredes de la olla con dedos, cucharas o lo que tengan más a mano. Yo creo que a mi madre le cundía bastante más esta receta antes de nacer nosotros.

2) Forma y empanado - Cuando fuimos un poquito mayores, mi madre nos enseñó a darles forma y empanar las croquetas y nos ponía a trabajar en cadena. Nos encantaba. A mí todavía me encanta ayudarle. Es un trabajo muy automático y mucha gente dice que aburrido y pesado pero yo encuentro que es perfecto para charlar.

Y luego, en la mesa, reglas no escritas: Tres por persona para los niños y mi madre y cuatro para los adultos. La primera vez que mi madre le puso 5 a mi marido (que es un enchufado), mi hermano le llamó la atención.

En fin, al grano: Esta receta la he compartido cientos de veces y casi todo el mundo me dice lo mismo: "Será la misma receta pero a mí no me salen como a tu madre". Y a mí me pasa un poco igual pero de todas maneras, la receta es MUY fácil (entretenida, pero fácil), no quedan grumos y el resultado delicioso (sobre todo para ustedes que no han probado las de mi madre)

Ingredientes
1 litro de leche
140-160gr de harina de trigo (les recomiendo empezar por 160 y si les quedan muy duras, bajar a 140 la siguiente vez)
150 gr jamón serrano (no muy seco) picadito
1 ajo (opcional)
75 ml aceite
1 huevo duro picado
Sal
Nuezmoscada

Huevo y pan rallado
Aceite para freír

  1. Batir la leche con la harina hasta que quede una mezcla homogénea
  2. Poner a calentar los 50 ml de aceite y freír el ajo (entero, simplemente chafarlo con un golpe seco para que se reviente y salga el saborcito)
  3. Cuando el ajo este dorado, retirarlo y freír un poquito el jamón (que NO quede crujiente)
  4. Verter la mezcla de leche y harina
  5. Calentar a fuego fuerte sin dejar de remover hasta que empiece a hervir
  6. Bajar el fuego un poco (pero que siga hirviendo) y continuar cociendo y dando vueltas durante 15 minutos. Este paso es muy importante porque hemos puesto la harina en crudo y tiene que cocinarse para que espese lo suficiente y, sobre todo, para que no sepa a harina cruda que es muy desagradable.
  7. Una vez la bechamel ha espesado, añadir sal y nuezmoscada al gusto
  8. Por último, mezclar bien el huevo duro picado (esto no se lo he visto hacer a nadie excepto a mi familia, le da un toque muy rico y ayud con la textura, pruébenlo y si no les va, es totalmente opcional)
  9. Verter en una bandeja honda, cubrir con film transparente (a mí me gusta poner el film directamente sobre la bechamel para que no se forme costra) y dejar enfriar
  10. Una vez fría, meterla en la nevera hasta el día siguiente
  11. Con la masa recién sacada de la nevera formar las croquetas y empanarlas. Mucha gente las pasa por harina, huevo y pan pero a mí me gustan más sin la harina.
  12. Freír en abundante aceite, escurrir sobre papel de cocina y... ¡Al ataque!

Nota: Las croquetas son delicadas de freír. Cuando la masa alcanza cierta temperatura, hierve y hace que la capa de pan se reviente. Por eso es importante freírlas recién sacadas de la nevera y con el aceite a una temperatura moderada. Si se fríen directamente sacadas del congelador no explotan pero tampoco se calientan por dentro (y les aseguro que el helado de croqueta no está nada rico)

Otra nota: La manera tradicional de hacer croquetas es cocinar la harina en el aceite antes de añadir la leche. Ventaja: Como la harina se cocina en el aceite, no hace falta hervir tanto tiempo. Inconveniente: Es más fácil que se hagan grumos.





Friday, 21 June 2013

Monumento a la Gallina

Mis padres tienen una vecina encantadora a la que le encantan los niños y cocinar. Hace unas rosquillas tan estupendas que mi hermano pequeño a la  edad de dos añitos se escapó de casa y se pasó a casa de la vecina con los dos dedos índice apuntando al cielo para que Carmen le insertase sendas rosquillas cual brochetas dulces. A día de hoy, cuando Carmen hace rosquillas, todavía le ponemos los dedos (y el « pequeño » tiene 28 tacos)

A lo que iba, esta señora siempre ha dicho una frase que a mí de pequeña me hacía reír, pero ahora, después de casi 14 años de independencia culinaria admito que me la tomo muy en serio : Las gallinas se merecen un monumento.
Y es que miren ustedes la cantidad de cosas que se pueden hacer con un huevo. Sólo con la carta de desayunos de un hotel americano casi faltan dedos en las manos para contar las maneras de prepararlo (tortilla, revuelto, frito, a la plancha, ranchero, pasado por agua , duro, escalfado…). Pero es que, además, la gastronomía española está poblada de recetas con huevos : Huevos rellenos, tortilla de patata, huevos rotos,  revuelto de ajetes y gambas… ¿Y en dulces ? NATILLAS (ay ! las natillas de mi madre !), bizcochos, crema pastelera  y aunque no soy muy fan, tocinillo de cielo, flan…

Y ahora que tire la primera piedra el que nunca haya oído a su abuela decir aquello de « y si te quedas con hambre te frío un huevo ».  Vamos, que Carmen tiene más razón que un santo.